

Nos enseñaron a mirar el dinero como un objetivo. Pocas veces como una extensión de nuestros valores.
Sin embargo, detrás de cada peso invertido, ahorrado o gastado, existe una dirección silenciosa de energía, poder y consecuencias. El dinero nunca permanece inmóvil: financia industrias, fortalece culturas, sostiene hábitos de consumo y determina, en gran parte, el tipo de sociedad que terminamos construyendo.
En ese contexto, la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Alberto Hurtado, junto a la Asociación Chilena de Ética Empresarial y Organizacional y BELAT, realizarán la charla “¿A quién sirve mi dinero? La Banca Ética y su desarrollo”, encabezada por Joan Melé, referente internacional en economía consciente y uno de los principales impulsores de la banca ética en Latinoamérica.
Más que una charla financiera, la instancia propone una pregunta filosófica y profundamente contemporánea:
¿Qué sucede cuando la economía deja de organizarse únicamente en torno a la rentabilidad y comienza a considerar también la dignidad humana, los ecosistemas y la calidad de nuestras relaciones?
La propuesta de la banca ética no busca romantizar el dinero ni negarlo. Busca comprenderlo como una herramienta cultural capaz de acelerar tanto la destrucción como la regeneración de una sociedad.
En tiempos donde la crisis ambiental, el agotamiento emocional y la hiperacumulación conviven con toneladas de recursos inmovilizados y comunidades fragmentadas, comienza a hacerse evidente que muchos de los problemas actuales no provienen de una falta absoluta de recursos, sino de la manera en que circulan —o dejan de circular— dentro de la sociedad.
Desde Fundación Tedoy Chile observamos esta conversación con especial interés, porque conecta directamente con el trabajo que hemos desarrollado durante más de una década a través de la Red Tedoy de Economía Circular y Consumo Colaborativo Desprendido.
Miles de personas reutilizando objetos sin venta ni intercambio de por medio no representan solamente una práctica ecológica. Representan también un cambio cultural sobre la idea de valor, propiedad, abundancia y cooperación humana.
Cuando un recurso en desuso vuelve a circular, no solo disminuye residuos. También disminuye presión económica, ansiedad de consumo y dependencia de modelos basados en la acumulación permanente.
Por eso, creemos que las nuevas economías no pueden limitarse únicamente a tecnologías verdes o modelos financieros sostenibles. Requieren también una transformación más profunda: recuperar la conciencia sobre cómo nuestras decisiones económicas afectan la vida cotidiana, los vínculos humanos y la relación con la naturaleza.
La conversación que propone Joan Melé se vuelve relevante precisamente porque instala una pregunta incómoda, pero necesaria:
si el dinero tiene la capacidad de moldear el mundo que habitamos, entonces la neutralidad económica probablemente nunca existió.





